Este Es un Site De Compañía, Apoyo, Vivencias y Respeto. Mi estilo de vida, y el sentido de ella; a favor de los desórdenes alimenticios. Esto quiere decir que consideramos a la anorexia, la bulimia (entre otros) como estilos de vida. A favor del respeto y los desordenes alimenticios. Bienvenidos a SKINNY QUEEN. Este es un sitio pro-anorexia. Si tienes menos de 18 años no entres sin el consentimiento de un mayor. Yo NO voy a ser responsable de la enfermedad ni las decisiones de nadie.
Mostrando entradas con la etiqueta Anorexia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anorexia. Mostrar todas las entradas
29 diciembre 2011
Alimentos que engordan ~ Control de apetito
Ana, Princess,Perfection, Tokio Hotel, Antoniette
acelerar metabolismo,
Adelgazar,
Alimentos que engordan,
ana y mia,
Anorexia,
Control de apetito,
Dieta,
Metabolismo acelerado,
SKINNY QUEEN
Alimentos que ayudan a adelgazar ~ Control de apetito.
Ana, Princess,Perfection, Tokio Hotel, Antoniette
acelerar metabolismo,
Adelgazar,
Alimentos que ayudan a adelgazar,
ana y mia,
Anorexia,
Control de apetito,
Dieta,
Metabolismo acelerado,
SKINNY QUEEN
Alimentos para Adelgazar ~ Control de apetito.
Ana, Princess,Perfection, Tokio Hotel, Antoniette
acelerar metabolismo,
Adelgazar,
Alimentos para Adelgazar,
ana y mia,
Anorexia,
Control de apetito,
Dieta,
Metabolismo acelerado,
SKINNY QUEEN
13 diciembre 2011
Thinspiration - Julia Schneider
Conocida como la moldeo con extrema delgadez, ganadora de la 'Elite Model 2011', está llamada a ser la mejor modelo... Se destaca por su gran altura, ya que mide 179 cm, aunque podría crecer aún más, ya que solo tiene 15 años. Susu medidas son 81-64-86, y calza un 42.

Preciosas princesas, espero les halla gustado la información, a mi me encanto Julia, es mi nueva Thinspiration, es realmente hermosa y perfecta, mi idola, ahora solo tendré a Ana en mi vida, y me desharé e esta asquerosa grasa que ,me hace verme como la vaca más gorda :(
- Tiene 15 años
- Mide 1,79
- Es sueca. Nació en la ciudad de Gävle, al sureste del país.
- Le encantan los caballos. Tiene dos y los define como su pasión.
- Ha jugado al hockey sobre hielos aunque lo dejó por una lesión en el brazo.
- Le encanta desfilar; "La pasarela me da una inyección de adrenalina. Quiero hacerlo una y otra vez".
- Su canción favortia es 'Beautiful People' de Chris Brown
- Su actor favorito es Hugh Grant
- Le encanta comer palomitas de maiz
Su extrema delgadez, sus 179 cms, pelo rubio y ojos azules la han llevado a firmar un contrato en exclsiva con la agencia 'Elite' para estar al nivel de gran
des modelos como Cindy Crawford o Naomi Campbell.
des modelos como Cindy Crawford o Naomi Campbell.
Esta chica hermosa rubia de ojos azules fue la elegida entre 800 modelos de 55 países en un gala que se celebraba en Shangai y, ya está llamada a ser una de las mejores modelos internacionales del futuro.
La joven Julia Schneider ha logrado así un contrato de tres años en la agencia de supermodelos Elite (por un importe superior a los 150.000 dólares) y una carrera internacional en el mundo de la pasarela.Se caracteriza por una acusada delgadez y angulosidad de forma además de su joven edad.

AQUI, LES ENSEÑARE CUANDO FUE ANUNCIADA COMO LA GANADORA
~ M . A n t o . K a u l i t z <3
Ana, Princess,Perfection, Tokio Hotel, Antoniette
Ana,
Anorexia,
belleza,
Elite,
extrema delgadez,
hermosas princesas,
Julia Schneider,
julia schneider elite,
julia schneider modelo,
Model,
modelo.,
Princesas,
Skinny,
Thinspo
03 octubre 2011
Pacto Con Ana
Mis hermosas princesas, he encontrado esta noticia, pueda que para muchas sea vieja pero para mi no lo es, al encontrarla nacio en mi más necesidad por alcanzar la perfeccion.Esto ha inspirado mi vida aun más y me mantiene fuerte. Haré un pacto sagrado con Ana No importa Qué ni Cómo,Ahora la anorexia será ahora mi unica atracción. :)

Gemelas inglesas realizan una carrera por ser delgadas desde hace más de 20 años. A los 11 años de edad, Maria y Kate Campbell, que pesan cerca de 30 kilos cada una, hicieron una inquietante promesa para ser anoréxicas el resto de sus vidas, después de que oyeran un comentario de su padre, que según ellas cambió sus vidas para siempre.
En dicha oportunidad, él dijo que se encontraba sorprendido por lo rápido que sus hijas habían crecido y que ya estaban "formando cuerpo de mujer". Si bien para la mayoría de personas un comentario de este tipo resulta inofensivo, para estas gemelas, hoy doctoras de profesión, ello resultó un detonante para cumplir el siniestro pacto.
"Ese día decidimos que si dejábamos de comer perderíamos nuestras caderas. Yo quería castigar a mis papás y supongo que eso es lo que hemos estado haciendo desde entonces (...). Estábamos indignadas por el comentario de mi padre", señaló Katy de 33 años.
A ello se sumó un cambio de escuela durante la secundaria, donde las gemelas se habrían sentido intimidadas por otras jóvenes. "En todas las clases de educación física nos pesaban. Hubo otro par de gemelas idénticas que pesaba menos que nosotras y eran más bonitas y populares", aseguró Kate, quien también dijo que veían a su madre, que era muy delgada, como modelo.
Así, su inocente objetivo se convirtió en un camino hacia la muerte. "Por una extraña razón, en vez de sentirnos rechazadas, sentimos una atracción por la anorexia", señalaron.
"Es como tener una bola y una cadena alrededor de mi tobillo que no puedo quitármelas (...). Siempre estoy preocupada por lo que como. ¿Cuántas calorías estoy consumiendo? ¿Cuánto pesaré mañana? Es una obsesión", afirmó Maria.
Además, Katy confesó que no puede caminar apenas. "Me duele la espalda, los latidos de mi corazón son irregulares, tengo osteoporosis, dolor crónico gástrico y pancreatitis. Estoy en tratamiento con diuréticos porque mis riñones no funcionan".
¿Cómo fue esta enfermedad al principio?
"Maria comenzó a llevar un diario de alimentos en el que anotaba todo lo que comía, el peso y la cantidad de ejercicio que habíamos hecho. Empezamos a saltarnos el desayuno y nadábamos varios metros de la piscina por la mañana y hacíamos gimnasia después de la escuela", reveló Katy.
Maria añadió: "En casa, escondíamos lo que estaba sucediendo. Poníamos la comida detrás de los refrigeradores, en los cajones, en nuestro piano. Entonces, cuando no nos veían simplemente la tirábamos a la basura".
Ambas también revelaron que si bien su madre se siente culpable por lo que les sucede, no hay nada que ella pudiera haber hecho. "Estábamos obsesionadas por ser delgadas", agregaron.

Official Skinny-Queens-Anto Kaulitz
Ana, Princess,Perfection, Tokio Hotel, Antoniette
Anoreicas,
Anorexia,
Cómo ser Anorexica,
Delgada,
Gemelas,
kilos,
noticias,
obsesion por ser delgada,
pacto con Ana,
presión,
Pro Ana
28 septiembre 2011
III. ANA ENTRA EN ESCENA, CASI SIN QUERER.
De a poco me empecé a interesar un poco más por mi aspecto físico. Mis
compañeras, aunque no eran lindas, tenían cuerpos espectaculares para nenas de trece
años. Me sentía bastante mal: primero Verónica y Enrique y ahora mis viejos que me
llevaban al nutricionista sin razón aparente. En realidad existían razones pero nadie me
las había explicado. Creo que yo no entendía que estaba excedida de peso. ¿Nunca les
pasó estar con alguien muy hermoso? Ver a esa persona, escucharla hablar, seguir cada
uno de sus fascinantes gestos, admirar su belleza… y más tarde mirarse en el espejo y
darse cuenta de que uno es horrible y que estuvo creyéndose bello simplemente porque
estaba mirando a alguien lindo que resultó no ser uno. Bueno, si nunca les pasó significa
que estoy muy mal de la cabeza. Pero a mí me pasa eso. Y como a mi alrededor todos
eran flacos yo simplemente daba por supuesto que yo también lo era y me olvidaba de
verme al espejo, o no quería verme al espejo, o veía otra cosa en el espejo (como me
pasó mucho tiempo después pero desde un ángulo completamente diferente). De
cualquiera manera, mis papás me estaban llevando compulsivamente al nutricionista.
Yo no entendía muy bien qué pasaba, por qué el médico me pesaba y me preguntaba
qué me gustaba comer. Entraba llorando y salía aún peor.
Quizás por eso detesto a los médicos. Uno los frecuenta cuando está mal, o
cuando tiene un pariente enfermo. Son como aves de mal augurio. Nunca los pude ver
como se ven ellos, con su ego infinito: salvavidas. Como los de la playa pero MUCHO
mejores porque ellos ESTUDIARON mucho para conseguir el TÍTULO. Bah…
farsantes. Cretinos. Inmiscuyéndose en la vida de la gente: sobretodo los nutricionistas
y los psicólogos. Y, hablando en serio, el 98 por ciento de las chicas anoréxicas y
bulímicas que conocí en mi vida (y créanme que fueron muchas) quieren estudiar o
estudian nutrición. Por favor, give me a rest. Son TAN obvias. Ser anoréxica y estudiar
nutrición es un cliché tan trillado que es hasta espasmódico. Cambiemos de tema.
Que me llevaran al nutricionista era una puñalada en el dedo chiquito del pie
pero quizás me ayudó a ver la realidad que mi materia gris negaba a muerte: sí eran feos
los peinados que me hacía mi mamá y sí era gorda. Pero de eso me di cuenta un verano
no muy placentero.
Supongo yo que mis problemas alimenticios siempre tuvieron mucho que ver
con lo que estaba pasando en mi cabeza. Es decir: yo no tenía problemas de depresión
porque era anoréxica sino que era anoréxica a raíz de que tenía problemas de depresión.
Porque, seamos sinceros, una persona feliz no deja de comer durante x cantidad de días.
Una persona feliz y despreocupada, una persona “normal” (si es que existe aquello) no
cuenta cada caloría: simplemente come. Y en última instancia, si engorda hace dieta
NORMAL y tema acabado. Como ya se habrán enterado, normal no es una palabra que
pegue mucho conmigo. Interferencia. Como cuando querés ver una película en tv
satelital y está lloviendo. “Detectando antena, por favor espere”. Eso me decía mi
cerebro cuando yo intentaba ser normal. No puedo, imposible. Y esperé demasiado
tiempo. Fingí demasiado tiempo, hasta que exploté. Pero como digo yo: es temprano
aún para eso.
Hablaba del viaje que inició todo. O que fue el primer indicio de que algo me
estaba pasando y que no se iba a solucionar tan fácilmente. Cambiándome de colegio
quizás podría encontrar amigas pero no podía cambiarme de vida. Eso era más
complicado y hasta imposible. Ya les contaré acerca de eso.
Corría el verano de 1998 y mis padres decidieron que nuestras vacaciones serían
en Punta del este, Uruguay. Supongo que es por causa de esas vacaciones que detesto
Uruguay. Siempre odié la playa. Presumo que porque para las gordas es muy incómodo
estar cerca del mar, rodeadas de personas flacas, bronceadas y demás adjetivos que
nunca se usan aplicados a nosotros los gordos. Pero a eso se había sumado mi problema
de celos. Mis padres decidieron que además de nuestra familia (papá, mamá, hermana,
hermano y yo) fuese también una de mis primas: Déborah. Tiene mi misma edad y nos
llevábamos bastante bien, el tema era que yo nunca entendí qué tenía que hacer mi
prima ahí de vacaciones con nosotros. Es decir, si ella tenía su propia familia ¿Por qué
veraneaba con la mía? Cosas de chicos, supongo.
Si hablamos en serio tengo que decir que todavía me asustan dos cosas más que
nada en el mundo (es decir, de las cosas que se me ocurren ahora). Y esas dos cosas son
el abandono y el reemplazo. Los dos por igual. En realidad son casi lo mismo. Toda la
vida me sentí reemplazada y lo cierto es que no sé luchar cuando me están desplazando.
Cuando llega a mi familia, a mi grupo de amigas o a mi vida un par, simplemente opto
por retirarme, siento que no puedo ser competencia de nadie. El tema acá sería
preguntarse por qué me siento amenazada cuando estoy entre pares, entender por qué
tengo esa necesidad de competencia que para mí antes de comenzar ya es desleal.
Así que llegamos a Uruguay con mi prima y demás integrantes de MI familia.
Mi cara de disgusto es poco disimulable y mis ganas de cambiarla eran pocas así que
simplemente me quede como estaba, pero no por mucho tiempo. Llegó la hora de ir a la
playa. Mientras todos preparaban sus bolsos con los trajes de baño, toallas,
bronceadores y otras yerbas yo me quedé pintando en el living como si no me hubiera
percatado del movimiento familiar. Cuando llegó la hora de subirse al auto e irse a la
playa yo sencillamente dije que me iba a quedar. En realidad lo importante y anecdótico
es que uno a los trece años piensa que es adulto y puede manejar situaciones y personas
a gusto. Y es así, en muchos de los casos. Yo sabía cómo llamar la atención en mi casa
y cómo demostrar mi disgusto sin ser ruda. Así que esa noche, después de la playa y
después de que compraran comida y la sirvieran en la mesa, me decidí a no probar
bocado. Dije que me dolía mucho la panza o algo por el estilo y me quedé mirando
complacidamente cómo todos engullían comida mientras a mí se me escapaba una
sonrisita por el costado izquierdo de mis labios.
Al mediodía siguiente nos sentamos a la mesa nuevamente para comer antes de
ir a la playa. Pero antes mi mamá trajo cuatro bolsas y nos dijo alegremente: ¡vinieron
los reyes magos! Era 6 de enero y mi mamá nos compró el mismo regalo a mi prima y a
mí. Eran unos pijamas, el de Déborah era rosa y el mío celeste. Me molestó un poco que
no haya diferencias. Es decir, el día que me case no le voy a regalar lo mismo a mi hija
que a la sobrina de mi marido. No dije nada, pero odié ese pijama y no estoy segura de
haberlo usado alguna vez. Nos sentamos a la mesa y aunque estaba sufriendo el hambre
de no haber cenado no podía darme el lujo de complacer a mi familia, así que dije que
tampoco iba a comer. Mis viejos se enojaron lo suficiente como para que yo me sirviera,
con cara de asco, cuatro arvejas y una hoja de lechuga. ¿Está de más decir que seguí con
ese comportamiento durante los quince días de mi estadía en ese país? Hice que mis
viejos sufrieran esas vacaciones, porque en realidad mi prima ni se había enterado. Y lo
cierto es que yo no estaba enojada con mi prima, para nada. Odiaba a mis viejos por
haberme hecho eso. ¿Haberme hecho qué? No sé. Pero de Uruguay volví lo
suficientemente más delgada como para pensar que quizás detrás de toda esa capa de
grasa y palidez existía una chica hermosa. Y de hecho, fue el momento de descubrirme.
Sospecho que a los trece años todas las chicas empiezan a modificarse en
carácter y físicamente pero lo mío fue como una transformación digna de un reality
show. En Punta del Este mi cerebro se dio cuenta de que era mucho más fácil castigar al
cuerpo. Así, después de días sin comer, días de caras oscuras, de padres enojadísimos,
de primas y hermanos desentendidos, contraje alguna enfermedad de la cual nunca supe
ni el porqué, ni el cuándo ni nada que se le asemeje. ¿Qué tuve? No sé. Sencillamente
una mañana me desperté sintiéndome muy mal y con picazón en las piernas. Con el
correr de las horas cambiaron de color: mis piernas se estaban poniendo rosas, más tarde
coloradas y al final del día parecían bañadas en sangre. Era un ardor incomodísimo y no
paré de rascarme intentando aliviar el dolor. Empecé a sentirme mal, con dolor de
cabeza, con calor y frío a la vez… un cuadro desagradable. Mi papá tenía un amigo
médico en esa ciudad así que fui a verlo. Carlitos, quien se convirtió en mi médico.
Carlitos es pediatra y sin embargo aún hoy sigo acudiendo a él. ¿Será porque mis viejos
quieren que sea una nena eternamente? ¿O porque es amigo de papá? Cosas que nunca
pregunté. Interrogantes que aparecen de vez en cuando.
Carlitos me dijo que tenía alergia. Pero no pudo determinar a qué. No encontró
ninguna picadura ni nada extraño. Más tarde entenderíamos que había sido nada.
Absolutamente nada (físico). Era algo exclusivamente mental. Escucharon hablar de las
enfermedades o reacciones psicosomáticas? He aquí el más claro caso de la historia de
mi vida.
Claramente no soportaba la estadía de mi prima, no resistía las caras de mis
padres, no toleraba la playa, detestaba punta del este, condenaba a Carlitos y por sobre
todas las cosas detestaba el hecho de haber podido ser flaca durante mucho tiempo y
haberme quedado sentadísima en el trono oficial de la Gorda Rechazada sólo por
elección. Ese verano del 98 volví a casa con la determinación de cambiar mi vida. Me
puse a hacer natación ferozmente y a comer muchísimo menos.
Había tenido principios de anorexia pero en aquel momento todos entendimos o
quisimos entender que simplemente era un berrinche adolescente. De hecho, esa versión
de la realidad hubiera sido mucho más placentera. Cuando volví a mi ciudad mis padres
estaban lo suficientemente enojados conmigo como para ponerme en penitencia o algo
por el estilo. Pero como amigas no tenía y el teléfono de mi casa no sonaba, no había
nada que me pudieran quitar.
El verano continuó y las aguas se calmaban. Pero no para mí, que tenía que
volver al colegio. Aquel segundo colegio, el de guardapolvos y cartucheras. Me había
dejado el pelo largo, morocho, lacio y gracias a la natación y al pequeño episodio del
verano pesaba casi 9 kilos menos. Empecé a usar los jeans de mi mamá, cosa que jamás
hubiera pensado antes. Su ropa me quedaba bien. Casi sin querer estaba compartiendo
los mismos talles con mi ella.
Cuando volví al colegio, puede decirse que era otra persona. Las personas que
antes no sabían que yo existía ahora me miraban, se daban cuenta de mi existencia. Ya
dar por enterada a la gente de que respiras es un logro. No solamente me sentía viva,
también me empecé a ver linda. Así, empecé a disfrutar de los beneficios de ser
agraciada. Me pedían mi teléfono las mujeres y me miraban los hombres. Así, empecé a
recibir llamadas de compañeras del colegio y a juntarme con el grupo más popular. Yo
estaba con el grupo; es decir, no dentro del grupo, pero al menos asistía a sus reuniones.
Dejé de lado a mis “amigas” las fracasadas del colegio y me sumergí en la
superficialidad de la adolescente de colegio privado. Compraba jeans carísimos y
empecé a vestirme para que me miren, no más para esconderme. Para mis adentros
pensaba: si me vieran mis compañeros del primer colegio se asombrarían. ¡Cómo
cambia la gente! ¿No Enrique?
Mi papá me compró una computadora pero no teníamos Internet. Empecé a
utilizar el Word para escribir mis cosas al mejor estilo “diario íntimo”. Mi primera PC
fue una IBM con menos capacidad que el Ipod que tengo en este momento en las orejas.
Pero servía, aunque fuera solo para aprender lo que era un teclado (sobretodo porque
Rocío ya había terminado su curso de mecanografía).
Dos años después ya era una superficial más. Me juntaba todas las tardes en la
misma esquina con mis compañeras del colegio para que nos miren, para ser admiradas.
Por fin estaba saboreando un poco de victoria. Y era dulce, casi sin calorías. Perfecta.
Es sabido que cuando uno siente que las cosas no pueden ser mejor o que por lo
menos está viviendo un estúpido y frágil equilibrio vital, las mismas tienden a
desmoronarse casi instantáneamente. Es así, una regla vital, una estúpida consecuencia
de la conciencia. Porque quizás uno al pensarlo se está llenando de miedo la vida y se
está abriendo al mismo tiempo a las malas vibras. Tengo la alucinación de que cuando
uno es ignorante de su propia felicidad puede conservarla mucho más tiempo y en mejor
estado.
Yo era más que consciente de mi estado de belleza, o al menos creía que estaba
fortísima como un rinoceronte asiático. Me tropezaba con las personas y hacía que me
pidieran perdón. Era toda una ficción de bajo presupuesto, porque en realidad mi meta
era no ser la gorda perdedora que se transformó en una belleza pura y encantadora. No.
Nunca jamás. Además, nunca creí que mi estado era éxito de mi propio esfuerzo. No.
Fue un capricho y dio resultados positivos, lo cual me deja ganancia superflua y
escurridiza. No lo gané con esfuerzo. No servía de mucho, necesitaba exprimirme y
beberme el lucro instantáneamente. Embriagarme de belleza.
Pero como dije, regodearme en mi estúpida y fácilmente conseguida felicidad no
me trajo más que malas noticias. Apareció mamá un día y me dijo que habían abierto un
colegio nuevo cerca de casa. Enough already! ¿No saben los padres que los cambios
bruscos o reiterados en cualquier orden de la vida a esa edad pueden provocar daño
cerebral permanente? O algo parecido. Pero, de todas maneras, era una locura
cambiarme de nuevo de colegio. Nunca hubo un peor momento para pensar en eso: es
decir, tenía “amigas”, tenía súbditos, tenía buenas notas en el colegio, hacía todos los
deportes y Rocío no era más que un palito sin femeneidad. Es decir, ¡había ganado! No
podían hacerme eso.
No solamente podían si no que lo hicieron. Se inauguró un colegio bilingüe y
muy exclusivo cerca de donde vivía yo en ese momento, así que no podía dejar de ir. Yo
por un lado quería pertenecer a la creme pero odiaba tener que rearmar un grupo del
cual ser líder. Porque eso era lo único que sabía hacer: dar órdenes y amontonar
súbditos. Más tarde varias personas me llamarían “manipuladora”, pero todavía es
temprano para eso.
Ana, Princess,Perfection, Tokio Hotel, Antoniette
Abzurdah,
Ana entra en escena casi sin querer,
ana y mia,
Anorexia,
Anto,
Bill Kaulitz,
Bitch,
CIELO LATINI,
Diet,
Kill,
Phill,
Princesas,
Queen,
Skinny,
Thin,
You
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




